Decir estoy gorda es claramente una exageración, pero es lo que me digo a mi misma por cómo me siento. Se los digo desde mi propia experiencia, no de alguna historia que me contaron. He pasado los últimos 4 meses con un apetito incontrolable y he sido 0% organizada con mis comidas.
Como saben estuve embarazada durante noviembre, diciembre y casi todo enero, lamentablemente mi bebé no creció más y dejó de latir su corazón, me dieron esta mala noticia el 25 de enero de 2020 a las 12 semanas de embarazo.
Durante esos pocos meses mi sistema digestivo dio un giro inesperado. Tuve gastritis, reflujo, una colitis impresionante, hambre voraz, agruras, náuseas y vómitos. Aumenté 4kg los cuales aún tengo conmigo. Mi grasa visceral, es decir la que recubre los intestinos, hígado, páncreas, etc., pasó de un 1 a un 7; ese número ya es de riesgo para la salud. La grasa visceral es la más peligrosa precisamente porque rodea nuestros órganos vitales.
Es muy importante mencionar también la tremenda revolución hormonal por la que pasé, esas reacciones químicas me mantuvieron cansadísima y sin ánimos de entrenar, trabajar o poner buena cara. Mi sentido del olfato se trastornó por completo y me daba nauseas hasta el olor del jabón líquido para trastes.
Todo eso del descontrol de la alimentación y el aumento de peso sucedió durante el embarazo, el punto es que ya pasó un mes y aún tengo esos kilitos demás conmigo.
Claro que después de perder a mi bebé también perdí el entusiasmo por cuidarme. Pude sentir lo que muchos de ustedes supongo que sienten: Nada de ganas de hacer ejercicio, cero interés por comer saludable, indiferencia por comer frutas y verduras, disgusto por tomar agua, ser desorganizada con mis comidas, comprar comida rápida, tener ansiedad por alimentos dulces, etc.
Lo he meditado, llegando a la siguiente conclusión:
“Está bien tener episodios de desánimo, es normal que pasemos por etapas difíciles y que en el proceso descuidemos nuestra salud. Es totalmente entendible que después de alguna pérdida o situación desagradable lo último que queramos hacer sea cuidar de nosotros mismos. Lo que no está bien es quedarnos estancados en ese punto porque la salud es lo más importante que tenemos. Dentro del concepto salud se engloban diversos factores, también existe la salud emocional, por eso tampoco podemos permitirnos permanecer en un estado de depresión e indiferencia hacia nuestro cuidado personal”
Aunque ustedes me vean delgada como siempre, yo sé que mi cuerpo no anda muy bien y que mi salud no es la óptima. Eso me ha traído pensativa las últimas dos semanas, pude entender cómo se siente decir frases como: “la próxima semana empiezo la dieta”, “el lunes comienzo en el gym”, “ya debo cuidarme”, “debo bajar de peso por salud”…
El día de hoy retomé la actividad física con mucho entusiasmo (el ejercicio siempre me ha servido para liberar el estrés y relajarme), tengo en mi refri y alacena alimentos saludables para no caer de nuevo en esa desorganización alimenticia, también inicié un plan de jugoterapia y estoy tratando de ser positiva en mi día a día.
Además me he dado a la tarea de regresar a ese buen hábito de compartir con ustedes en mis redes sociales tips, recetas, productos no recomendables, ejercicios, etc. Todo esto es parte de ayudarme a mí misma a estar mejor por dentro y por fuera.
Hay varios factores por ordenar en nuestras vidas, no es solamente la cuestión de la comida y el ejercicio, debemos ordenar nuestra mente para poder estar saludables. Los malos pensamientos nos dañan, los sentimientos y emociones negativas afectan nuestra salud. Cuidemos de nosotros mismos porque somos importantes, nadie vendrá a cambiar mágicamente nuestra situación, por más que los otros nos den ánimos y nos echen porras, solamente nosotros mismos podemos hacer algo para mejorar nuestra salud y nuestra vida.
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